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Actitudes y Valores de la persona

VALORES Y ACTITUDES PARA EL MUNDO DE HOY(HECHO POR CHINCHAY)

 VALORES Y ACTITUDES PARA EL MUNDO DE HOY

Vivimos tiempos de cambio profundos y radicales. Muchas cosas que con anterioridad se consideraban estables y seguras han sido arrastradas por la vertiginosa transformación social, económica, cultural y política a la que asistimos; transformación, que de una u otra manera todos podemos percibir. Referentes que tradicionalmente se consideraban seguros, la familia, el estado, la iglesia e incluso las instituciones educativas han perdido su capacidad de cohesión y de responder a los cambios estructurales a los que asistimos. De pronto, los límites del mundo que percibíamos en nuestra niñez se expandieron y se hicieron muy difíciles de comprender. Es así como explicar e interpretar el mundo de hoy demanda un espacio de reflexión mucho más amplio. Surge la urgencia de nuevos instrumentos de conocimiento y una nueva manera de relacionarnos con el mundo. Incluso en la vida moral, la idea de lo impermanente parece marcar la pauta. Asistimos a la recomposición del mundo y por eso, se requieren “nuevos referentes” que nos permitan asimilar los cambios y aprender una nueva manera de explicar el mundo desde nuestra experiencia de vida.

Al hacer referencia a nuevos referentes, algunos autores señalan que la crisis permanente a la cual asistimos, es, en lo fundamental, una crisis vital. El mundo agoniza lentamente por nuestra desidia e incapacidad de acción puesto que no hemos logrado detener el ritmo del deterioro social y ambiental. Es por esto que, dentro de los nuevos referentes, es común plantear la urgencia de crear una nueva actitud, una nueva estructura de principios y valores, una nueva ética que reflexione sobre la moral, sobre nuestra manera de vivir y a su vez propugne por un cambio en esa manera de relacionarnos con el mundo. El reconocimiento de los problemas de convivencia entre los seres humanos, la ausencia de un compromiso con la paz y la preservación de los recursos naturales son necesidades que hemos de enfrentar en lo inmediato.

Desde esta perspectiva, hace cerca de 15 años, en 1993, el Consejo del Parlamento de las Religiones del Mundo propuso en la ciudad de Chicago, “Los principios de una ética mundial”. La propuesta en mención, se ha ido expandiendo gradualmente por el mundo. Pero, ¿Es posible, no solamente la formulación de una ética mundial, sino su vivencia, la praxis de dicha fundamentación? El proyecto en mención es parte de un esfuerzo por dar salidas a las profundas y diversas problemáticas del mundo de hoy. Bien sabemos que los cambios culturales son lentos y solamente a través de la perspectiva del tiempo puede recogerse resultados, bien sea positivos o negativos. Ahora bien, ¿Qué es una ética mundial? En dicho texto, se dice que la ética mundial es “un consenso básico sobre una serie de valores vinculantes, criterios inamovibles y actitudes básicas personales
[1]. Desde hace algún tiempo, he tenido la oportunidad de conocer sobre la ética mundial, tema que despierta mi interés.

“Esta ética,…, constituye la base moral de un mejor orden individual y global; brinda una visión que sea capaz de recuperar a las mujeres y a los hombres redimiéndolos de la desesperación y del dominio de la fuerza, y que sea capaz también de liberar del caos a las sociedades”
[2] En dicha propuesta, se parte de algo básico, ¡Todo ser humano debe recibir un trato humano! , que no es otra cosa que garantizar y propender por la dignidad humana. Las religiones han procurado el desarrollo y preservación de dicha dignidad. Por eso, el principio antiguo, “Haz a los demás lo que quieras que te hagan a ti”, expresado de manera positiva, sigue teniendo vigencia como base de orientación de una praxis moral en el mundo de hoy.

Pero yendo más allá de los aportes de dicha propuesta y sus posibilidades, ¿Cuál puede ser la posible estructura de valores y actitudes? Recordemos que los valores en si mismos hacen parte de un sistema. No hay justicia por si misma, sino hay solidaridad y compasión; así mismo la honestidad supone la verdad. Desde mi perspectiva como ciudadano que ha aprendido a cuestionarse, me he preguntado, ¿Cómo sería dicha estructura valorativa necesaria? Y sobre todo, si supondría derribar completamente todo valor o principio tal y como lo formulo en su momento F. Nietzche. Hasta el momento, he logrado sacar dos cosas en claro. En primer lugar, el hombre nunca crea de la nada. El conocimiento y el pensamiento a través de la historia se constituyen en un material básico a partir del cual se construyen nuevas respuestas o se reafirman las anteriores desde nuevas perspectivas. Es así como hablar de nuevos valores para el mundo de hoy sea un contrasentido. Habría que reformular y dar nuevo significado a estos. En segundo lugar, la valoración de los actos humanos, depende del contexto social y cultural, de los referentes de pensamiento que existan en un momento histórico.

En un artículo anterior
[3] proponía partir de la aceptación de si mismo como base de todo y desde allí a manera de un árbol surgirían ramas centrales como el conocimiento, el respeto y la responsabilidad alrededor de las cuales surgirían nuevas ramas, valores y principios que sean cimiento de una estructura moral y ética en el mundo. El tiempo y el esfuerzo por pensar dicha idea y al amparo de la propuesta de la ética mundial me ha dado la razón en la pertinencia de lo expresado. El trato humano que todo ser humano ha de recibir tiene un sustento en la aceptación de si mismo. Y si me acepto y valor, con mis luces y sobras, tratando de mejorar lo negativo, siempre en búsqueda del perfeccionamiento, busco el conocimiento como sustento a un proyecto humano, a su vez, respeto el derecho de otros a ser diferentes y a expresar su particular visión del mundo; del mismo modo, el deber de recibir un trato humano implica asumir la responsabilidad por mis actos y aprender a dar cuenta de ellos de manera racional.
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